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miércoles, 1 de agosto de 2012

Horizontes de grandeza

Nos encontramos ante una de las grandes películas norteamericanas, posiblemente uno de los "westerns" más grandes y memorables, el "Cine en estado puro" en el que aparecen como nunca los grandes temas de siempre, tratados con gran esmero: el poder, la nobleza de espíritu, el amor verdadero, el despecho, el odio visceral al enemigo, el este frente al oeste, la civilización contra la barbarie... en suma, la esencia de un país forjado a base de grandes contradicciones, complejo y al mismo tiempo fascinante, y sobre todo (y es lo que nos interesa) que ha ofrecido tanto al cine. Grandes interpretaciones, sobre todo, de Burl Yves y de Gregory Peck, pero todos estan magíficos. Además, un valor añadido: cuesta encontrar películas en las que, como en esta, los silencios sean tan significativos para el desarrollo de la acción. La fotografía, la música... todo absolutamente al servicio del cine, del cine en estado puro...



Último western de William Wyler. Escrito por James R. Webb, Sy Bartlett y Robert Wilder, se basa en el relato breve "Ambush At Blanco Canyon", de Donald Hamilton, publicado por entregas en el Saturday Evening Post (2, 9, 16 y 23 de febrero de 1957), adaptado para la pantalla por Jessamyn West y Robert Wyler. Se rueda en exteriores de CA (Red Rock Canyon State Park, desierto de Mojave, rancho Drais...) y Arizona (Canyon Chelly National Monument), con un holgado presupuesto de más de 4 M dólares. Nominado a 2 Oscar, gana uno (actor reparto, Ives). Producido por William Wyler y Gregory Peck, se estrena el 1-X-1958 (EEUU).

La acción dramática tiene lugar en tierras de Texas en torno a 1886. El capitán de barco Jim McKay (Peck), retirado de la vida activa, llega a tierras de Tezas con el propósito de casarse con su prometida, Pat (Baker), hija del mayor Henry Terril (Bickford), que mantiene un enfrentamiento inmemorial con Rufus Hannessey (Ives), propietario de un rancho vecino. La mejor amiga de Pat es la maestra del lugar, Julie Maragon (Simmons), propietaria de un rancho rico en agua potable. Jim es culto, refinado, honesto, valiente, educado y bondadoso. Steeve Leech (Heston), capataz del rancho de Terril, es rudo y bravucón. El mayor es de carácter fuerte, altivo, dominante y patriarcal. Rufus es primario, autoritario y basto. Pat vive dominada por su padre y Julie es independiente, sincera y encantadora.

El film suma drama, romance, aventuras y western. Proyectado como un superwestern dispone de un gran elenco de protagonistas, una nómina brillante de secundarios, numerosos extras, un sistema avanzado de imagen (technirama, variante del scope), una banda sonora espectacular, movimientos de grupos numerosos (vaqueros, jinetes armados, cabezas de ganado...), paisajes inmensos, etc. Forma parte de las obras concebidas a finales de los 50 y principios de los 60 para atraer a la pantalla grande al público familiar aficionado a la TV. A tal efecto se le ofrecían prestaciones visuales y sonoras incompatibles con la pequeña pantalla.

La historia es sencilla, casi esquemática. Se enmarca en escenarios de western, pero no es una historia característica del género. Se podría haber situado en otras coordenadas de tiempo y lugar. Destaca la exploración que se hace de los sentimientos humanos, sus manifestaciones, variantes y los conflictos que provocan. Odio, afán de poder, amor verdadero, despecho, venganzas personales, celos y rivalidades se sitúan en el centro de la acción como factores de movilización y dinamización. El relato analiza la confrontación de mundos antagónicos e incompatibles: el del campo y la ciudad, el del Este y el Oeste, el de la civilización y la barbarie, el del pasado y el del futuro, el inmovilista y el proyectado hacia la modernización y el cambio, el violento y el que siente aversión por la violencia, el de los mayores y el de los jóvenes.
El protagonista es Jim, un antihéroe, enemigo de bravatas, peleas, pistolas y rifles. Respetuoso con todos, es amigo del diálogo, bondadoso y comprensivo. Llega de lejos para casarse y establecerse. Su figura se aleja de la característica del western clásico. La cinta incorpora elementos propios del western, como las luchas entre granjeros, las guerras del agua, el tema de la venganza, etc. Ofrece escenas memorables como el duelo a pistola, la pelea a puñetazos al amanecer, la doma del caballo salvaje, el abrazo de Julie a Jim antes del duelo, la secuencia del desfiladero, etc. Pese a su espectacularidad y belleza, el film acusa algunas rigideces, cierta artificiosidad y atisbos de empalago de grandeza, rebajados acertadamente con oportunos toques de humor.

La música, de Jerome Moross, se ha convertido con el tiempo en una pieza emblemática del género. El tema principal evoca la inmensidad física de las llanuras de Texas. Su ritmo y colorismo trasmiten sentimientos de afición a la aventura. Sobresalen los cortes "McKay en Cañón Blanco", "Trueno" y "Vals". La fotografía, de Franz Planer ("Vacaciones en Roma", 1953), levanta un magnífico espectáculo visual. Hace uso de grandes movimientos de grúa, planos generales, encuadres panorámicos, travellings y otros recursos, que pone al servicio de una exaltación panteísta de la naturaleza. Son notables las interpretaciones de Peck, del equipo protagonista y del cuadro de secundarios (Ives, Bickford, Connors...).
TÍTULO ORIGINAL The Big Country
AÑO 1958




DIRECTOR William Wyler
GUIÓN James R. Webb, Robert Wyler, Sy Bartlett
MÚSICA Jerome Moross
FOTOGRAFÍA Franz Planer
REPARTO Gregory Peck, Charlton Heston, Jean Simmons, Burl Ives, Carroll Baker, Chuck Connors, Charles Bickford
PRODUCTORA MGM
PREMIOS 1958: Oscar: Mejor actor secundario (Burl Ives). 2 nominaciones


SINOPSIS James McKay (Peck), un capitán de navío retirado, viaja desde el Este a las vastas llanuras de Texas para casarse con Pat Terrill (Baker), la hija de un rico ganadero. El choque entre McKay, hombre pacífico, culto y educado, y los violentos y toscos rancheros es inevitable. No sólo tendrá que enfrentarse con el capataz Steve Leech (Heston), sino que incluso su novia se sentirá decepcionada por su comportamiento. Mientras tanto, el padre de Pat y el clan de los Hannassey luchan encarnizadamente por el control del agua para abrevar el ganado.
CRÍTICAS ----------------------------------------
El conflicto entre el civilizado este (un magníficamente comedido Gregory Peck) y el salvaje oeste (un Charlton Heston duro y chulesco, como corresponde al futuro presidente de la Asociación Nacional de Rifle) dio lugar a uno de los más sólidos y bellos westerns de la historia del cine. Una música inolvidable, unos paisajes soberbios, una pelea mítica, secundarios de lujo y una Jean Simmons adorable hacen el resto. Imprescindible. 
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"Western grandioso y épico, un complejo retrato de personajes, tenso y eléctrico" (Miguel Ángel Palomo: Diario El País)
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Duelo al sol

La puesta en escena de “Duelo al sol” es de western, de eso no cabe duda, pero poco más. Por no tener, la peli de Vidor no tiene ni el duelo que promete su título.

“Duelo al sol” es más bien un correctito melodrama ambientado en Texas que bebe y vive de ese inagotable manantial que fue “Lo que el viento se llevó”. Aún así, el trabajo de Vidor es loable porque su agilidad narrativa y sus oportunas pinceladitas épicas consiguen maquillar con eficiencia las limitaciones de un guión bastante discreto y de algunas interpretaciones casi casi vergonzantes. Me estoy refiriendo, por supuesto, a Jennifer Jones. La entonces novia de Selznick inunda la pantalla con una presencia física descomunal, pero su papel roza lo patético. No porque Perla sea un putón verbenero, sino porque sus expresiones faciales son tan postizas como el tupé de Rodolfo Chikilicuatre. Algo mejor se desenvuelve Gregory Peck. Me ha encantado verle en plan calavera, alejándose oportunamente de ese perfil apagado y bonachón que suele caracterizarle.

Un pseudowestern, en suma, con algún que otro plano de singular belleza (King es de aquellos viejos zorros que siempre apostaron por el cine como espectáculo)que se puede ver con agrado si no se depositan demasiadas expectativas en él.


Desde el momento que Perla va caminando hacia su habitación con la lamparilla en la mano pasando por delante de los dos hermanos, ya se olfatea la tensión sexual e intuímos la actitud de ambos hacia ella. Aún sorprende tanta sensualidad en un título de los años 40, pero a David O. Selznick le gustaban las situaciones al límite.

Jennifer Jones se excede en gestos cuando muestra emociones fuertes, pero es fotografiada con maestría haciendo resaltar el blanco de sus ojos y dientes sobre su tez morena y lo que sí logra ésta es dar cuerpo a una criatura salvaje e inexperta que se convierte en centro de disputas y se debate entre la seguridad y la pasión
 
Joseph Cotten y Gregory Peck hacen acertadamente la encarnación del bien y el mal como reflejo de la personalidad del autoritario y visceral padre (Lionel Barrymore que estaba realmente en silla de ruedas desde hacía años) y tambiém aparece Lillian Gish, toda una superviviente que empezó con Griffith décadas atrás y siguió dejándose ver en más películas otras tantas décadas después.

Como en Lo que el viento se llevó, la personalidad de Selznick es la que manda y parece que hubo otros directores que intervinieron, pero quien firma es King Vidor, gran cineasta desde el mudo, versátil y eficaz, que lleva la historia con seguridad y buen ritmo obsequiándonos con espléndidas panorámicas, bellos primeros planos y majestuosos planos generales (la encendida fotografía en color plena de rojos es magnífica). 

La pasión desenfrenada cobra forma pocas veces en el cine: en Duelo al Sol cada uno de los elementos que la componen está dotado de fuerza, de energía intensamente romántica y clásica. Este filme sólo podría ser ejecutado por King Vidor, artesano de los sentimientos, poeta romántico, artista inigualable.

La escena inicial ( la que describe los sucesos relativos al padre de Perla Chávez ) ya por sí misma tiene mayor sabiduría fílmica que numerosas películas más loadas. Pero la película continúa en un recital de maestría en el que se encuentran comprendidas historias de amor fatal pero también de amor platónico, de dignidad, de egoísmo, de amistad, de violencia...

No es sólo por los que siente la protagonista hacia el personaje de Gregory Peck, sino por los que yo mismo tuve al ver la película. Es innegable la belleza de los paisajes, de esa fotografía en color tan peculiar ( los tonos rojizos del atardecer) y de que es una película con cierta fuerza dramática y momentos de acción que consiguen hacer entretener y no aburrirte. Sin embargo, las actuaciones son irregulares y el guión no está bien elaborado en cuanto al tema de los personajes. Jennifer Jones abusa de la sobreactuación y resulta poco creíble, lo que perjudica un montón a la película ( hay momentos dramáticos que te pueden parecer hasta risibles ), el guión no sabe desarrollar bien psicológicamente a los personajes ( sobre todo el protagonista, claro ) y da la sensación de intentar repetir lo que supuso "Lo que el viento se llevó" ( dramón en el Oeste pero con personajes parecidos ).
No se puede negar su condición de clásico

En él la sencillez y el lirismo de J. Ford o de H. Hawks, sin embargo sí pude ver un film apasionado y de tonos épicos con un hilo principal amoroso pero que tiene como trasfondo la eterna lucha por la propiedad de los territorios occidentales de una nación cuya frontera aún parecía no vislumbrarse en el horizonte.

La inmensa interpretación de Lionel Barrymore, cuyo personaje se alza sobre los demás y se impone como mejor baza del filme, representa a ese colono que llegó del este atravesando un dificultoso y largo camino, el cual, una vez alcanzada la meta, no está dispuesto a abandonar por ningún precio su valiosa posesión que antes de iniciar el viaje formó parte de la Tierra Prometida. Ese descomunal esfuerzo despierta en él un sentimiento de agresividad: la defensa de la propiedad rural.

Vidor logra narrar de forma ligera y transparente una historia en la que los personajes están impecablemente perfilados y cuyo final no me pareció de lo más acertado, amén de lo atípico que resulta. La estupenda música de Dimitri Tiomkin y la espectacular fotografía de inspiradísimos planos, acompañadas de las buenas actuaciones de Joseph Cotten y Gregory Peck, hacen de éste un gran western sólo empañado por la ridícula interpretación Jennifer Jones.

Duelo al sol forma parte de esos contados títulos imprescindibles y si sólo se fracasa en la dirección de la Jones, es de suponer que con el tiránico Selznik emcima poco podía hacer Vidor para contener a la que por entonces era la chica del productor.

La escena de la muerte de Laura Belle con la cámara mostrando la mecedora en el exterior movida violentamente por el viento mientras la lluvia cae sin cesar es antológica.
 
TÍTULO ORIGINAL Duel in the Sun
AÑO 1946




DIRECTOR King Vidor
GUIÓN Ben Hecht, David O. Selznick, Oliver HP Garrett (Novela: Niven Busch)
MÚSICA Dimitri Tiomkin
FOTOGRAFÍA Lee Garmes, Harold Rosson, Ray Rennahan
REPARTO Jennifer Jones, Gregory Peck, Joseph Cotten, Lionel Barrymore, Walter Huston, Lillian Gish, Harry Carey, Charles Bickford, Otto Kruger, Herbert Marshall
PRODUCTORA David O. Selznick
PREMIOS 1946: 2 nominaciones al Oscar: Mejor actriz (Jennifer Jones), actriz sec. (Lillian Gish)


SINOPSIS Pearl (Jennifer Jones), una joven mestiza es enviada a vivir a Texas, al rancho del estricto senador McCandless (Lionel Barrymore). La joven india llama la atención de los hijos del senador: el siempre educado y cortés Jesse (Joseph Cotten) y el salvaje e impulsivo Lewton (Gregory Peck). Pronto los dos hermanos rivalizan por el amor de la atractiva chica.
CRÍTICAS ----------------------------------------
Hay películas que se hacen por encargo... pero esta se hizo por amor; David O. Selznick produjo este épico western para lucimiento de su novia Jennifer Jones. Así, por este bienvenido capricho, podemos disfrutar de una entretenida y apasionada historia de romances y rivalidades familiares con legendarios personajes y final memorable. Una gran película.